Al fondo de la generación dorada

Autor: El Deportivo

Chile vive la época dorada de su selección de fútbol. Un ciclo que sigue vigente, pero detrás del que no se ve demasiado. ¿Qué pasará cuando se acaben Alexis, Vidal y compañía? ¿Fue casualidad o consecuencia de algo su aparición? ¿Hay tiempo ya para preparar su sucesión? Cinco columnistas de El Deportivo entran al debate.

Felipe Bianchi Leiton, periodista: Ni un paso atrás

¿Podrá el fútbol chileno seguir creciendo cuando ya no exista la “generación dorada”? Complejo. Partamos por convenir que el salto dado por la Selección en los últimos años no tiene que ver, como algunos incautos creen, con un grupo de grandes jugadores que la diosa fortuna juntó de repente, por chiripa y carambola. Menos con el trabajo de supuestos alfareros locales que, si existieran, ya serían famosos en otros pagos. No. La razón es clara y tiene que ver, casi exclusivamente, con el trabajo de un par de notables técnicos extranjeros -Bielsa y Sampaoli- que vinieron a cambiarlo todo.

Dos argentinos estudiosos y obsesivos que, con su intenso método de alfabetización, llevaron a una generación apenas competitiva a transformarse en “dorada”. Lo primero fue sacarlos mental y físicamente del lastre que era entrenar y jugar en Chile, empujarlos a salir de los estrechos márgenes de la comarca y, por primera vez, exigirse a fondo. De hecho, apenas se trató de cambiar un poquito el mapa del tesoro, todo se vino abajo. Con los mismos exponentes, lo que dejó en claro que el secreto no eran Bravo, Isla, Medel, Vidal o Sánchez, sino la exigencia desmedida; esa única fórmula ofensiva, intensa y directa. Sin el miedo de antaño, sin la mediocridad disfrazada de “equilibrio”.

El punto es: ¿Puede repetirse el éxito sin los exponentes iniciales de la fórmula? No es fácil. Quizás no ocurra nunca más, ya que el fútbol se trata de momentos. Sin embargo, la buena noticia es que ya se instaló en el medio -al menos en un sector de la prensa, dirigentes, jugadores e hinchas- una idea madre sobre la cual será difícil retroceder: ya ningún técnico podrá salir a defenderse, parar de correr o dejar de presionar tan fácilmente. Si se pone el freno, sea cual sea la materia prima que se tenga a mano, habrá quejas feroces.

La piel ya cambió y el protagonismo, afortunadamente, forma parte del ADN de las nuevas generaciones. Serán ellas, en la cancha, los entrenamientos, el estadio o detrás de una tele, las encargadas de exigir cada año, en cada torneo, volver a la masa madre. La única opción real de que, alguna vez, vuelva a surgir otra “generación dorada”.

Fernando Solabarrieta, periodista: Recambio, re verso

Se escucha hace mucho tiempo, años incluso, la misma frase, constituida torpemente como un argumento, se repite disfrazada de advertencia y justificada casi como súplica. Basada además en ribetes negativos. Se necesita el recambio, debe buscarse urgente el reemplazo de esta “generación dorada”, se escucha. Nada más lejano a la realidad y a la vida misma. Primero, porque sustituir a la mejor generación futbolística de todos los tiempos es por sí sola una tarea imposible. No sólo para Chile, también lo sería para Argentina, Brasil o Alemania.

¿Acaso en esos lugares surgen muchos Pelé, Maradona o Beckenbauer? Absurdo. Al mismo tiempo, ¿cuál es la imperiosa necesidad de encontrarles sustitutos a Alexis Sánchez, Arturo Vidal o Gary Medel? ¿Los van a sacar? No. ¿El rendimiento que ofrecen ya no es el óptimo y por eso es necesario reemplazarlos? Tampoco. Entonces, ¿por qué seguimos haciéndonos la misma inútil pregunta? Los cambios vendrán cuando tengan que llegar, en el momento adecuado, como un proceso natural, tal como ocurren casi todas las cosas en la vida. Y tal como ha ocurrido, de hecho, en esta selección chilena que ha visto el término del ciclo de varios jugadores por distintas situaciones.

Si situamos el inicio del proceso en Marcelo Bielsa, entonces observaremos que ya no están Waldo Ponce, Pablo Contreras, Hugo Droguett, Marco Estrada, Matías Fernández y Mark González, sólo por nombrar a algunos. Los reemplazos se van generando naturalmente y lo que en realidad se debe preparar son alternativas, que no es lo mismo. Un suplente apto (joven o viejo) que tenga el nivel futbolístico en ese instante para ser una solución. Eso Chile lo tiene. Habrá posiciones más o menos cubiertas y jugadores más o menos difíciles de reemplazar, pero esa posibilidad está.

En razón del verso del famoso recambio se han escuchado muchas barbaridades, como dar descanso a los titulares y acudir con un equipo joven a la Copa Confederaciones. ¿Se imaginan? Los reemplazos y las sustituciones llegarán en el momento justo. Difícilmente sean del nivel de esta generación, porque es la mejor de todos los tiempos, pero nada que se hubiera hecho antes habría podido solucionarlo. Otra cosa es realizar trabajos a largo plazo que permitan ir gozando de muchas nuevas y buenas camadas de jugadores a lo largo del tiempo. Pero eso es otra cosa y eso sí que es verso.

Leonardo Véliz, ex futbolista: En manos de incapaces

Cada vez que se pronuncia esta palabra, recambio, se recurre a aires nuevos y despierta nuevas utopías. Es tratar de reedificar sobre cimientos sólidos sin desmejorar el paisaje y respetándolo. La “generación dorada” tiene fecha de vencimiento y se debe reconstruir una Selección que mantenga el prestigio internacional. Pero cunde el escepticismo y el temor de que el terreno no ha sido fértil, que no hay cosecha. Y si la hay, se perderá a pesar del buen tiempo. En nuestro fútbol menor no están los más capaces para la delicada misión de detectar talentos para el alto rendimiento. Los jugadores van subiendo de categorías por inercia. No hay continuidad en el desarrollo de los cadetes ni menos en sus técnicos, que con el rabillo del ojo miran para dónde están los profesionales del primer equipo. Se han incorporado personajes que no permiten un desarrollo adecuado. Ex futbolistas que no han evolucionado. Se opta por mano de obra barata.

¿Qué se debería hacer? Un plan maestro, crear una estructura técnica que dicte pautas a nivel nacional para una intervención de las divisiones menores del fútbol profesional e incluso amateur. Que este plan esté incrustado en cada institución donde se desarrolle el fútbol, como documento básico. Con seguimiento y control del cumplimiento del programa. Al mismo tiempo, ir detectando los jugadores más talentosos. Realizar seminarios con los técnicos que trabajan en el fútbol joven en sus diferentes niveles. Con profesionales bien remunerados y comprometidos de su misión.

Debemos avanzar por esas dos vías, fútbol profesional y fútbol amateur, reforzando cada una de ellas. Así desarrollaremos un deporte de masa de calidad. La base en provecho de la elite. Por otra parte, obtendríamos seguramente deportistas de un nivel de rendimiento superior, más conscientes y más competitivos. Generar proyectos innovadores, transformadores, al alcance de todos y que consideren los efectos geográficos, sociales y etarios? Peter Drukers dice: “La innovación … es trabajo organizado, sistemático y racional”. Una pregunta fundamental a los entrenadores y dirigentes de Chile: ¿Seguiremos orientando nuestros esfuerzos en el reducido fútbol de alto rendimiento, ya sea en el profesional y cadetes, o nos esforzaremos por construir caminos más amplios en directo beneficio del verdadero fútbol joven, que es el fútbol amateur, y entregarles una enseñanza de mayor calidad?

Caco Villalta, periodista: La palabra la tienen los DT

Las estructuras y características existentes en el fútbol tiempo atrás explican la razón por la que hoy disfrutamos de esta generación dorada. Antes eran frecuentes y hasta aceptados los escándalos y las crisis financieras que inmovilizaban el desarrollo y la gestión deportiva. Una ausencia de profesionalismo que impactaba en la formación y el rendimiento de los jugadores. El sistema de formación de entrenadores era un desastre y la infraestructura era deficitaria. La aparición de las Sociedades Anónimas, con sus defectos, introdujo un modelo que incrementa y posibilita un mayor nivel de gestión, inversión y fiscalización. El crecimiento del fenómeno televisión permitió más recursos y la Ley Bosman amplió la posibilidad de contratar más extranjeros, incrementó el ingreso de jugadores de todo el mundo a Europa.

A pesar de esta realidad y carencias siempre existieron muy buenos jugadores, y muchos pudieron consagrarse en el extranjero, todos tanto o mejor dotados de habilidades simétricas con los que hoy integran la llamada “generación dorada”. Livingstone, Figueroa, Prieto, Reinoso, Caszely, Yáñez, Rojas, Astengo, Hugo Rubio, Sierra, Zamorano, Marcelo Salas… No pertenecieron necesariamente a una misma generación, pero en su nivel técnico individual son perfectamente comparables con los de hoy.

La gran diferencia, y que permite considerar a los actuales como superiores, está en el plano táctico-colectivo: la Selección juega de una manera diferente, elevándola a un prestigio internacional que retroalimenta la valoración y capacidad de sus jugadores. Por lo anterior, la llegada de Bielsa y Sampaoli asoma como el factor más importante en la formación de esta generación dorada y es donde se marca la diferencia con anteriores.

El estilo de fútbol que se practicó a partir de estos entrenadores generó un vuelco que hoy pocos discuten, pero que en su momento fue visto con gran escepticismo por muchos de los que hoy lo elogian. Es tan potente lo logrado por la Selección en lo colectivo y con la aplicación de formas ofensivas de juego, que fue este aspecto el que permitió elevar a la categoría de estrellas a los jugadores actuales, con logros inéditos y cotizaciones en cifras jamás pensadas.

Ahora la palabra pertenece a los entrenadores. Conocimiento y capacidad la tienen. Sólo resta su convencimiento, y especialmente, su atrevimiento.

Rodrigo Goldberg, ex futbolista: Odioso y necesario

Uno de los primeros técnicos en hablar del recambio fue Sampaoli. También lo mencionó Bielsa, pero fue el casildense quien se metió en las patas de los caballos. A muchos, dentro de la Selección, el tema no les gustó. Tanto que prefieren no referirse a él. Y cuando lo hacen, se encrispan defendiéndose de un supuesto ataque. El último fue un molesto Claudio Bravo: “Tenemos un mal partido y ya hablan de que la Selección necesita cambiar”.

El recambio es algo natural en la vida, las empresas y los equipos de fútbol. Y es sumamente necesario hablar y planificar para que este proceso no sea traumático, como sucedió en el tenis, por ejemplo. Y si hablamos de recambio es porque vemos que en un futuro no muy lejano, nuestras grandes estrellas tendrán que dar paso a una nueva camada. ¿Esperamos ese momento para conocer el peso de la nueva generación?

Siempre he considerado que lo mejor es prepararse. No existen nombres nuevos como Alexis, Vidal o Gary. Es un hecho. Pero sí existen buenos futbolistas que pueden entender y aprender de la Selección. El problema es el tiempo y no lo tenemos. La generación dorada nació de manera espontánea. Un filón de oro irrepetible que emerge con Sulantay, pero que explota de manera exponencial con Bielsa. No porque haya cambiado la mentalidad, sino porque entregó un método, una forma. Que es más replicable que el talento, algo tan natural como impredecible. No somos Brasil para sacar 15 puntas de la talla de Gabriel Jesús, Neymar, Robinho o Romario.

La búsqueda debe estar necesariamente en la forma. Crear y educar futbolistas en un idioma de alta competencia internacional a los que no les sea extraño enfrentar de igual a igual a un campeón del mundo. ¿Se puede? Teóricamente, sí. Alemania es un ejemplo. Pero para llegar a eso se necesita el compromiso de los clubes, los técnicos, los futbolistas y sus familias. Es decir, un esfuerzo mancomunado, donde los clubes formen y promuevan a sus futbolistas, como la UC, Palestino o Huachipato. Donde los jugadores quieran terminar su formación y consolidarse antes de firmar un contrato millonario. Donde la Selección sea un ente integral y no una isla respecto de las menores. Es decir, que se trabaje con base en un plan estratégico y no a la buena voluntad del técnico de turno. Especialmente para que el niño de 10 años comience a incorporar un idioma futbolístico (no confundir con esquema), un concepto. Para que ese mismo joven llegue a la Selección adulta con, al menos, cinco mil horas de entrenamiento conceptual. Mientras no salgan de manera espontánea nuevos Alexis, sólo nos resta trabajar y planificar.

Y no. No es que queramos jubilar a nadie, querido capitán. Al contrario. Ojalá no lo hicieran nunca, pero el tiempo es implacable, y mientras los disfrutamos necesitamos pensar en el futuro. El recambio no empieza cuando se termina el proceso anterior. Es parte del mismo. Y en esto no hay tiempo, menos para perder el tiempo.

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