Nuevos usos de la ciudad y auge de departamentos

El sueño de la casa propia sigue siendo un anhelo muy apreciado en términos sociales, pero hoy se posterga.

Los cambios demográficos y sociales que ha experimentado Chile en las últimas décadas, como el aplazamiento en la formación de familia, la postergación del matrimonio, la disminución en el número de hijos, junto a la configuración de nuevas formas de familias, han modificado el uso que se hace de la ciudad.

Luis Fuentes, director del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC e investigador de Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (Cedeus), dice que es un nuevo uso que se vincula con el concepto que actualmente se tiene de la vivienda.

Un cambio interesante en ese sentido, dice Fuentes, es el tipo de vivienda que hoy se está adquiriendo. “Antes, la oferta del mercado inmobiliario era 70% casas y 30% departamentos. Hoy se ha revertido, lo que se relaciona con el uso que se le da a la ciudad”, indica. Cifras de 2017 del Ministerio de Vivienda sobre permisos de edificación indican que 57% corresponde a departamentos y 43% a casas.

El sueño de la casa propia sigue siendo un anhelo muy apreciado en términos sociales, pero hoy se posterga. “Se opta antes por vivir en un departamento arrendado, lo que da más libertad. Permite no estar atados y en el corto plazo, por ejemplo, salir de viaje sin preocupaciones. Además, como los trabajos duran menos, se buscan propiedades momentáneas cerca del trabajo y permitan optimizar el tiempo libre”, explica Fuentes.

También se reduce el espacio del departamento. “Eso, porque el uso que se le da es prácticamente sólo en la noche”, agrega. Se trata de cambios que se han experimentado en una década.

Al hacer un uso más intensivo de la ciudad, la gente busca espacios abiertos. “La ciudad se transforma en el patio de la casa, las plazas son el patio de las personas, cumplen un rol social”, comenta.

La seguridad en los espacios públicos también toma otro sentido, dice el experto de Cedeus. “Ya no se ve como el miedo al asalto, sino que el temor es porque los lugares con inseguridad ponen en riesgo la libertad para disfrutar de la ciudad. La inseguridad los hace menos libres para usar la ciudad”, sostiene.

Las políticas urbanas son las que más impactan en la calidad de vida de las personas, resalta Fuentes. Y la presión para que esas demandas sean escuchadas es lo que se ha visto, dice, con las críticas al Transantiago, “pero no hay debate de cómo generar mejores ciudades”.

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